Ayer no te vi...
solo escuché tu voz
¡tan fría! tan olvidada...
fue una pena
que me golpeó
y se quedó en mi alma,
cada palabra que decías,
cada razón que me dabas...
¡cómo el fuego me quemaba!
Ayer no te vi...
solo escuché tu voz
te sentí tan lejana y ausente...
tan ajena y tan perdida.
¿Qué les pasó a tus palabras?
que antes sonaban
como la más bella melodía,
¡como la más hermosa sinfonía!

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